¡AŇO DE LA FE, AŇO DE GRACIA, AŇO DE BENDICIONES!



¡Dios es bueno, bondadoso, misericordioso, compasivo y generoso mucho más de lo que nos podamos imaginar!  Dios nos habla a través de la Iglesia, su Cuerpo Místico y especialmente a través de su "Dulce Vicario en la tierra" (Santa Catalina de Siena) el Santo Padre, el Papa --- actualmente, el Papa Benedicto XVI.

El Santo Padre ha proclamado para la Iglesia Católica "El Año de la fe" que inicia el 11 de octubre de 2012 y termina el 24 de noviembre, 2013 (la solemnidad de Cristo Rey).  Este año de fe será un año de gracia y un año de bendiciones extraordinarias.  Por supuesto las bendiciones de Dios no tiene limite, pero nuestra capacidad puede ser magnánima, generosa o mediocre.  Por lo tanto, las gracias y bendiciones dependen en gran parte de la disposición de nuestros corazones.   El mensaje es este: ¿cómo podemos darle al Señor un corazón totalmente abierto para que Él pueda dejar caer una lluvia torrencial de gracias en nuestra mente, nuestro corazón, nuestra alma y nuestras familias!  ¡Permítanos ofrecerle algunas formas concretas para vivir intensamente este "Año de la fe"!


1. ¡EL TIEMPO APREMIA!  ¡Nadie tiene la vida comprada!  Jesús constantemente nos exhorta a que permanezcamos despiertos, alerta y atentos.   No sabemos ni el día ni la hora en que el Señor vendrá y pedirá cuenta de nuestra vida.  ¡La vida es corta, precaria e incierta!  Recuerde el Tsunami, las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001 y terremotos repentinos.  Todos estos eventos tienen algo en común: ¡todo sucedió inesperadamente!  No quiero ser apocalíptico sino realista — debemos imitar a los santos — debemos vivir cada día como si fuera el último.  Por esta razón debemos vivir este "Año de la Fe" como si fuera el último año de nuestra vida, ¡por el que seremos juzgados por toda la eternidad!  Recuerda la expresión poética del salmista: "nuestra vida en la tierra es como la flor del campo que se abre en la mañana y marchita y muere en la noche".  Somos la flor del campo, llamados a florecer, dar fruto y emanar la hermosa fragancia de santidad.  Pablo nos recuerda que somos llamados a ser la fragancia de Cristo!

                                      
2. ¡LA ORACIÓN!   El Padre John Hardon, S.J. hizo una profunda observación sobre la fe y la oración.  ¡El piadoso Jesuita hizo esta conexión!  ¡Cuando una persona pierde su fe, a menudo es a causa del descuido de la oración o el abandono total de la oración! ¡Que pensamiento tan profundo!  ¿Por qué?  En verdad, la oración es un acto de fe.  La naturaleza de la fe es creer en un Dios que no vemos.  La oración es rezar a un Dios que no vemos, pero creemos que él escucha nuestras oraciones, está atento a nuestras súplicas y nos ama intensamente.  Como una lámpara desenchufada, si dejamos la oración, ¡la corriente espiritual de la fe muere!  ¡Que este Año de la Fe se caracterice por una oración más ferviente, fiel, intensa y segura!


3. ¡ESTUDIO!   Sabemos por sentido común que no podemos amar a alguien que no conocemos.  Este mismo principio se aplica a nuestra relación con Dios.  Si no conocemos a Dios nos hemos creado un gran obstáculo para amarlo.  El conocimiento y el amor se cruzan y se relacionan.  A Jesús se le preguntó una vez cuál era el mandamiento más grande y el Señor respondió inmediatamente, citando la gran "Shema" del Antiguo Testamento: "Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo". (LC.  10:27).  ¿Qué debemos estudiar?   El Santo Padre en su carta apostólica, "Porta Fidei", "La Puerta de la Fe", explica el propósito y el objetivo principal de este año de fe.  El claramente señala que debemos repasar los documentos del Concilio Vaticano Segundo (Vaticano II), pero más específicamente nos anima a ver de nuevo, leer, estudiar y aprender los fundamentos de nuestra fe, presentado por el Catecismo de la Iglesia Católica (Números 11 y 12 Porta Fidei).  En su sabiduría y conocimiento, el Santo Padre comienza el año de fe simultáneamente con el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, al igual que el vigésimo aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, que el Papa Juan Pablo II ofreció como un "regalo maravilloso" al mundo moderno; ¡un mundo en la oscuridad, con ignorancia y esparcida desorientación!  Por lo tanto, si no tiene el Catecismo de la Iglesia Católica, ¡cómprelo!  Si lo tiene, regrese a esta mina de oro espiritual. ¡Tráigalo a la oración, léalo, medítelo, forme grupos de discusión, apréndalo y vívalo!!!!


4. ¡ENCUENTRO CON CRISTO!   El mensaje central y objetivo principal del "Año de la Fe", proclamado por el Papa Benedicto XVI, es que todos y cada uno de nosotros lleguemos a una relación profunda, personal, íntima y creciente con Jesucristo.  Jesús tiene que cobrar vida en nuestra vida, como nuestro Dios y Salvador, y ¡también como nuestro mejor AMIGO!!!  Desde el comienzo de su pontificado, el Sucesor de Cristo, el Papa Benedicto XVI ha insistido que descubramos a Jesucristo como AMIGO.   Santa Teresa de Ávila claramente enseñó que meditar sobre la humanidad de Cristo es uno de los medios más seguros y eficaces para sondear las profundidades de la oración y llegar a unión con Dios.  Aceptemos entonces la invitación del Papa y--- por medio de nuestro estudio y meditación del Catecismo de la Iglesia Católica---lleguemos a una profunda "amistad" con Jesús.  En ocasiones, ¡nuestros mejores amigos nos fallan!  ¡No es así con Jesús!  Él es el "amigo" siempre fiel en el tiempo y la eternidad.   Jesús en la última cena describe su relación con sus apóstoles (y con nosotros), desde lo más profundo de su Sagrado y Amoroso Corazón: ¡"No les llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace su maestro, sino les llamo AMIGOS!


5. ¡IMPULSO MISIONERO!   Por último, el Santo Padre insiste en su Carta Apostólica, "La Puerta de la Fe" que debemos ser auténticos testigos de Cristo.  El Papa insiste en una constante metanoia o conversión del corazón, renunciando nuestro pasado pecaminoso y de centrarnos en Jesús que perfecciona nuestra fe.  Con esta conversión, el Papa insiste en una ambición misionera, el llamado de llevar la gozosa y Buena Nueva de Jesucristo a todo el mundo: "Id, pues y hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado.  Y he aquí que yo estoy con vosotros siempre, hasta el fin del mundo. “(Mt. 28:19-20).  Estas fueron las últimas palabras de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, antes de que él ascendiera a los cielos---¡de hecho un mandato misionero que encargó a todos nosotros como sus seguidores para ser tomado en serio y llevarlo a cabo!   El año de la fe, debe ser un año de crecimiento y enriquecimiento personal, y también un año para compartir la fe con todo el mundo.  Sin duda, ¡una de las maneras más eficaces de crecer en nuestra fe es compartirla con otros!




 Que María, quien meditó la palabra de Dios en su Corazón Inmaculado y que fue de prisa para compartir la palabra de Dios a los demás (su prima Isabel, Zacarías y Juan el Bautista) nos alcance a cada uno de nosotros un corazón abierto, una plena disposición de voluntad y una confianza sin limite en la gracia y la misericordia de Dios.  ¡Por la poderosa intercesión de María este año de la fe, será un año de gracia y un año de bendiciones extraordinarias!