LA FAMILIA --- LA CÉLULA BÁSICA DE LA SOCIEDAD Y EL FUTURO DEL MUNDO.



 Por favor escuche la plática de Padre Escobita sobre este tema

Las cifras de divorcios disparan a un ritmo históricamente alarmante, el adulterio prolifera desenfrenadamente, matrimonios ''a prueba'' llevando a la unión libre y después la separación dejando en el camino niños abandonados y familias con solo mamá o papá, la agenda homosexual promoviendo "uniones del mismo sexo" y adoptando a niños y llamándole a esto "la familia moderna", la pornografía invadiendo hogares y causando fuertes adicciones y un devastador aislamiento de los otros miembros de la familia---viendo la familia en el mundo moderno con solo un vistazo, esta es la situación actual que se vive.

A pesar de este panorama gris, los seguidores de Cristo levantan en alto la bandera que lee ESPERANZA.  La "esperanza" es una de las tres virtudes teologales que se infunden en el alma en el momento del bautismo--- las tres virtudes teologales son:  fe, esperanza y caridad.

La esperanza es la virtud por la cual ponemos nuestra confianza total en Dios.  A pesar de nuestros fracasos, debilidades, deficiencias, pecados y fragilidad total, sabemos que Dios es nuestra Roca, nuestra Fortaleza y nuestra Luz en medio del las tinieblas.  Como el Arcángel Gabriel anunció a María, "Para Dios nada es imposible."

En este breve escrito se desarrollará un tema con el propósito de revivificar a las familias que están siendo amenazadas.  Es tema es la importancia y papel del PADRE en la formación de familias saludables, sólidas y santas.  La madre es el corazón de la familia, pero al padre corresponde la posición de "cabeza" o jefe de familia.

En un mundo de padres ausentes, padres negligentes y hombres extremadamente tímidos, ¿qué objetivos debería proponerse alcanzar todo hombre que es llamado a la vocación del matrimonio para vivir un verdadera ''paternidad''?

Primero, para poder ser un buen "padre" se debe ser un buen "hijo de Dios Padre".  En la familia, el padre representa y refleja la imagen de Dios Padre.  En plano espiritual, si un padre tiene una crisis de identidad -- es decir, si él no sabe o entiende su relación íntima con Dios Padre -- entonces no podrá transmitir a sus hijos y a su familia una visión justa o auténtica de Dios Padre.

Pero de lo contrario, si el padre terrenal ha tenido un encuentro con Dios Padre de una forma íntima, personal, filial y convincente, entonces podrá transmitir esta paternidad a aquellos quien Dios ha puesto bajo su cuidado.

Un ejemplo por excelencia se encuentra en la vida de Karol Woytyla---el futuro Santo Padre, el Papa Juan Pablo II.  Él perdió a su madre cuando solo tenia 9 años de edad.  Pasaba gran parte de su tiempo con su padre; incluso de noche compartían el mismo dormitorio.    
 
El joven Karol recuerda haberse despertado a las horas de la madrugada, antes de que amaneciera y podía ver la figura de su padre arrodillado, profundamente absorto en la oración.   Este ejemplo de su padre dejó al joven Karol una huella indeleble.  Su padre terrenal tenía una íntima y profunda relación con Dios Padre y le transmitió esto a su hijo.

Más tarde Karol se convierte en el gran "SANTO PADRE"--- el Papa Juan Pablo II, una de las más grandes y claras imágenes de la verdadera paternidad en la historia del mundo.

Segundo, después de colocar en primer lugar su relación con Dios Padre, un verdadero padre debe amar a su esposa.  Es indispensable el amor y amistad con su esposa.   Este amor no debe estancarse, o peor aún apagarse.  Por el contrario este amor humano bendecido sobrenaturalmente por el Sacramento del Matrimonio debe florecer, crecer y prosperar hasta el momento de la muerte.

Un gran numero de matrimonios pierden su vitalidad; el amor se enfría hasta el punto que ambos viven en la misma casa como si fuesen extraños.  Y claro, ¡son los niños que sufren las consecuencias!

¿Cómo pueden los esposos mantener la llama encendida y brillando intensamente? Como en cualquier actividad, deporte o profesión, la relación entre marido y mujer exige empeño y trabajo --- se forja con sangre, sudor y lágrimas.

Primeramente, deben cultivar una relación cada vez más estrecha con Dios. ¿Cómo?  Con la oración en forma individual y en familia, con una vida Sacramental -- Confesión y Comunión frecuente --, devoción a María manifestada por la recitación diaria del Santo Rosario, teniendo presente las palabras del P. Patrick Payton, el sacerdote del  Rosario, "La familia que reza unida permanece unida".  Todo esto forma parte integral y esencial para crecer en una relación mutua con Dios.  Esto por supuesto, fomentará la unidad entre ellos como marido y mujer.

Otras actividades que también no se deben excluir son: un retiro matrimonial cada año, un encuentro matrimonial y ¡cultivar buenas amistades con otras buenas parejas católicas!

Tercero, el padre debe amar a sus hijos y verlos como un tesoro precioso que Dios le ha dado.  El primer objetivo debe ser llevar a estos pequeños a su destino final que es el cielo.   Un hijo es un regalo de Dios al padre y a la madre, pero con el fin principal de que los padres sean una escalerilla para que esos hijos suban al cielo.

Un verdadero padre debe primeramente proveer por las necesidades espiritual de sus hijos. Debe enseñarles a rezar desde pequenos porque son como una  esponja.  Una esponja absorbe, ya sea agua limpia o agua sucia.  Igual un niño puede absorber lo sucio del mundo moderno o con la ayuda de un buen padre, absorber lo que es edifica y es puro y noble.

El padre debe ser el maestro del niño especialmente en la oración.  Siempre debe tener presente la frase inmortal del P. Patrick Peyton: "La familia que reza unida permanece unida".  En cuanto a este arte, hay tres componentes que el padre debe poner en práctica: 1) Debe ser un hombre de oración y no tener miedo de manifestarlo públicamente.  Hay un dicho que alaba la oración de la siguiente manera: "¡El hombre es más grande cuando se encuentra de rodillas!"   ¿Por qué?  Porque reconoce que la verdadera grandeza proviene de Dios Padre quien es el dador de todos los dones.  2) Debe rezar con la familia -- la bendición de los alimentos, el Rosario en familia y un participación activa en la Santa Misa que por supuesto es la más grande de toda oración.  3) Por último, un verdadero padre debe ser como Moisés quien elevó sus brazos para que los judíos pudiesen ganar la batalla contra sus enemigos.  Un padre debe orar con fervor y frecuencia por la protección de su familia de todo mal ---ya sea un mal físicos, moral o espiritual -- y por la santificación y la salvación de su familia.

Un verdadero padre cristiano debe tener sus ojos fijos al cielo en todo momento y estar consciente del mundo y los peligros que amenazan al rebaño que se le ha confiado, ese rebaño son -- ¡su esposa y sus hijos!


Lo más grande que un padre puede desear para su familia es la salvación de sus almas.  Jesús dijo, ''¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?  ¿Qué podemos ofrecer a cambio de nuestra alma inmortal?"

Hasta que no se restaure a su debido lugar el verdadero papel del padre en la familia, el mundo sufrirá intensamente.  El hombre que es llamado a la vocación del matrimonio asume una responsabilidad inmensamente importante.   ¡El fin de su vocación es la santidad de vida y la recompensa celestial.

El hombre (es decir - el padre) debe primero esforzarse por cultivar una relación más profunda con Dios.  A su esposa la debe apreciar como el regalo más grande en el mundo; en las palabras de Jesús la perla de valor infinito.  Y entonces, con forme Dios mande hijos, se les debe apreciarse como perlas preciosas.  El padre debe estar dispuesto a aceptar de manos del Creador los hijos que Él le de.  El padre debe formar a sus hijos emocionalmente, intelectualmente, moralmente, pero sobre todo espiritualmente.  Efectivamente el padre debe hacer todo en su poder para inculcar en ellos un profundo y santo temor de Dios, pero aún más, una tierna y cariñosa confianza y amor por nuestro Padre Celestial.


Pidamos al mejor de los padres terrenales, el buen san José su poderosa intercesión.  San José, gloria de la vida doméstica, patrono de las familias, patrón de los padres, ¡ruega por nosotros!