OBSTACULOS EN EL CAMINO AL CIELO.




El propósito de nuestra vida es simple y sencillamente, llegar al cielo.  Jesús nos advierte, que el camino al cielo es estrecho y angosto y pocos lo toman.  ¡Muchos eligen el camino amplio, cómodo y fácil que conduce a la destrucción!


Es bueno conocer cuáles son estos obstáculos.  Tal como es bueno que el pastor sepa en dónde se esconde el lobo, o el soldado sepa por donde piensa atacar el enemigo, o el atleta conozca el punto débil de su contrincante.  El soldado de Cristo también debe conocer sus más grandes obstáculos.



1. LA PEREZA.   El libro de Apocalipsis nos advierte que tanto la pereza como la apatía le desagradan a Dios. "No eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!  Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. (Ap 3)   ¡Con qué facilidad podemos perder nuestro primer amor, rendirnos a la apatía, entregarnos al desaliento y perder el fuego de la pasión por Cristo!  ¿Por qué sucede esto?  La apatía social, el diablo y el efecto del pecado original contribuyen a este desgano que llamamos pereza.   Los santos estaban perfectamente conscientes de la brevedad de la vida y el precio de nuestra salvación, la Sangre Preciosa de Jesús.  Por esto, con espíritu generoso, se dedicaban completamente al servicio de Dios.




2.  DISTRACCIONES.  Nunca como hoy, han habido tantas distracciones.  ¿A qué nos referimos cuando decimos distracciones?  La televisión, el internet, deportes, fiestas, actividades sociales, largas conversaciones telefónicas, vacaciones, mascotas, cosméticos — ¡todas eson distracciones!  Y no que estas distracciones sean necesariamente pecaminosas, pero fácilmente usurpan el lugar que le pertenece solo a Dios!  Estas distracciones se convierten facilmente el centro de nuestra vida y nos apartan a Dios cada día más y más, ¡alejándonos como el barco que se aparta del puerto y desaparece en el medio del mar!




3. SENSUALIDAD.    La sensualidad en todas sus formas, igual puede distanciarnos de Dios.  El comer, beber, fumar, el uso drogas, el apetito sexual desordenado, una vida cómoda — todas son manifestaciones de sensualidad.  Un ejemplo patente de los efectos perniciosos de la sensualidad es la parábola de Lázaro y el hombre rico.  El hombre rico no parecía ser hombre malo.  Sin embargo, terminó en el infierno.  ¿Por qué?   No tanto por lo que hizo, sino por lo que dejó de hacer.  Por su pecado de omisión, este miserable hombre fue a dar al fuego que nunca acaba.  Los manjares suculentos, sus ropas caras y su estilo de vida le cegaron de ver a Jesús bajo el disfraz sufriente de la persona de Lázaro, el hombre pobre, sucio y cubierto de llagas.
                 


            
4.  RESENTIMIENTO Y FALTA DE PERDONAR.   Hoy en día los resentimientos y la falta de perdón hace de muchos esclavos modernos.  Las cadenas que los atan no son tanto físicas sino grilletes morales.  En el Padrenuestro rezamos, "Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden..."   En otras palabras, para que yo sea perdonado y reciba la misericordia de Dios, debo yo primero perdonar y ser misericordioso.  Es una vía de doble sentido.  Jesús vino para liberar a los cautivos.   Cuando perdonamos a quien nos ha hecho daño, libramos al cautivo.  ¡Y ese cautivo soy yo!   Me libro de jaula de rencor y experimento la libertad de los hijos de Dios.

 5.  IGNORANCIA.   ¿Cómo podemos amar a alguien que no conocemos?  ¡Es imposible!  ¿Cómo podemos amar a un "Dios desconocido"?  ¡Es imposible!  Tanto el agnosticismo como el ateísmo son ideologías teológicas que se están extendiendo como un incendio forestal, especialmente en los Estados Unidos.  Un ateo es aquel que niega la existencia de Dios.  Un agnóstico es aquel que vive en un estado de perpetua incertidumbre.  Cuando se desconoce algo, cualquier que sea el tema, la ignorancia se cura aplicándose al estudio.  Como en cualquier ámbito, un profesional debe capacitarse y mantenerse al día, a la vanguardia y en continua formación.  Cristianos-católicos igual deben ser ''profesionales" con respecto a su religión y Dios.  Su más ardiente anhelo debería ser conocer mejor a Dios, para amarlo más ardientemente, seguirle más de cerca y acercar a otros hacia Él.


Estemos entonces, conscientes de estos cinco obstáculos en nuestro camino al cielo:  pereza, distracciones, sensualidad, resentimientos y la ignorancia.

El Papa Francisco consagra su pontificado a María.
Que María Santísima, quien se dio sin reservas a Dios, nos ayude a superar los obstáculos en nuestro camino, para así alcanzar la dicha eterna.  María, Puerta del cielo, ¡ruega por nosotros!