COLABOREMOS EN LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS PARA LA FELICIDAD ETERNA



Si amamos a Dios, debemos conocer y ocuparnos de lo que Dios más ama.  Debemos colaborar con los designios salvíficos de Dios para con mundo. Dios creo al mundo de la abundancia de su amor y lo que Dios más ama y anhela es la SALVACIÓN ETERNA DE LAS ALMAS.

El valor de una sola alma supera el valor de toda la creación. De hecho, Dios creó todo para el hombre, el mundo natural, como un medio para llegar al cielo.  Dicho de otra forma, la creación debe ser para el hombre una escalera para llegar al cielo y no una piedra de tropiezo. 

Conociendo esta verdad, ¿qué podemos hacer para colaborar con esta noble, sublime y maravillosa misión de Dios?

LA SANTIDAD.  Jesús dijo: "Sean santos como es santo vuestro Padre Celestial."  Las Bienaventuranzas también reiteran lo mismo: "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia (santidad), porque ellos serán saciados." La Beata Madre Teresa de Calcuta dijo esto respecto al llamado a la santidad:  "¡La santidad no es el privilegio de unos pocos sino el deber de todos!"
     
Hacia el final de la vida del santo Cura de Ars, el diablo se le apareció quejándose furiosamente por todo lo que este santo sacerdote había hecho. ¿Por qué?  Porque el santo Cura de Ars había frustrado el trabajo del diablo.  El diablo le comentó infelizmente: "Si en el mundo hubiesen tres curas como el Cura de Ars, mi reino se acabaría. Sabemos que el mal atrae, llama y seduce aún a los más santos y nobles.  Pero la santidad, como un imán, ¡también atrae!  

Si vemos la vida de San Juan Pablo II, el santo Cura de Ars, San Antonio, Santo Tomás de Aquino y San Juan Bosco, todos atraían a un gran número de personas por su amor y santidad.  Y ellos en cambio, apuntaban hacia Jesús que es el CAMINO, la VERDAD y la VIDA. 

Dirijamos nuestra oración a Jesús en este momento desde lo profundo de nuestro corazón, y pidámosle esta gracia singular:  “¡Señor, hazme santo!”


Sto. Domingo Savio al conocer a Sn. Juan Bosco dijo esto:  “Yo soy la tela, usted el sastre; hágame santo”.  Imploremos la ayuda del Espíritu Santo, el Santificador, para que lleguemos a ser los santos que Dios desde toda la eternidad ha querido que seamos.  Reitero esta realidad, ¡SOMOS LLAMADOS A SER SANTOS!  Repetiré el mandato de Jesús:  “Sean santos como es santo vuestro Padre Celestial.”  Les daré una prueba más.  ¿Quién está en el cielo?  Sólo los SANTOS están en el cielo, y claro los ángeles y María.  En verdad, la única y más grande tragedia en esta vida es fallar en nuestra misión de ser los santos que Dios nos pide que seamos.     

Finalmente, una prueba más del llamado a la santidad.  En los últimos cien años los documentos de más importancia han sido las Constituciones Dogmáticas del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica.  Y quizás, entre esos documentos el que más se destaca es LUMEN GENTIUM (Cristo es la Luz de los pueblos), compuesto de ocho capítulos.  El quinto capítulo trata precisamente de la llamada a la santidad (Números 39-43). Hoy en la Iglesia hay muchos que se han hundido en la mediocridad y la tibieza. El mundo necesita ver a hombres y mujeres llenos del fuego del amor a Dios.  Jesús dijo:  “¡He venido a prender fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!”  Cuentan las crónicas que, cuando San Ignacio envió a San Francisco Javier al Oriente a salvar almas, le dijo: “¡Id, encended e inflamad todas las cosas!”

EL CAMINO CORTO A LA SANTIDAD.  Hay muchas formas y medios para llegar a la santidad .  Pero el camino más corto, seguro y eficaz es el siguiente:  El siguiente domingo después de la celebración de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Solemnidad de CORPUS CHRISTI – que es la Solemnidad del Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Una de las finalidades de esta sublime solemnidad litúrgica es fomentar en nuestros corazones una fe más viva, un amor ardiente y pasión por Cristo Eucaristía.  Y todo esto se manifiesta de forma concreta con un hambre y sed insaciable de recibir a Jesús en lo profundo de nuestros corazones en la Santa Eucaristía en la celebración de la Santa Misa.

El Salmista lo expresa con elocuente poesía:  "Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así mi alma te anhela a ti Señor, Dios mio.”   No creo que está fuera de lugar y mucho menos sea una enseñanza equivocada dar una interpretación Eucarística a la oración más conocida en el mundo – el PADRE NUESTRO.  Una de las peticiones que hacemos es: “Danos hoy el pan de cada día...”  ¿Estaría equivocado al exhortar y desafiar a todo católico creyente a que tengan un anhelo ardiente de recibir la Santa Comunión todos los días?  Podemos decir que en el Padre Nuestro pedimos el sustento para nuestros cuerpos.  Porque  nuestros cuerpos en verdad necesitan su alimento diario para vivir.  Pero el valor de nuestra alma supera infinitamente el valor de nuestro cuerpo.  Jesús lo expresa con estas palabras:  "¿de qué le sirve el hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿Qué puede dar un hombre en cambio por su alma?" (Mc 8, 36).  Si recibimos la Santa Eucaristía con una fe viva, un amor ardiente y con frecuencia (diariamente), sin duda hemos emprendido el camino de la santidad y el camino al cielo.  

Dios hará uso de nosotros como amigos y colaboradores para trabajar fuertemente por la salvación de las almas.  ¡No espere más!  Busque en este momento el horario de misas semanales en su parroquia y decídase a ir a Misa todos los días y recibir a Jesús Eucaristía.   Jamás se arrepentirá.  ¡Su vida cambiará!  Y después de recibir a Jesús en la Santa Comunión con gran fe, devoción, fervor y amor, pídale a Él, el Santo de los santos que lo haga a usted ¡UN SANTO!  

Implore a Nuestro Señor la por intercesión de su Santísima Madre para que le use como un instrumento para salvar almas.  La cosecha es abundante y los obreros pocos.  ¡Jesús le está llamando a usted!  Responda a esta maravillosa y comprometedora tarea de trabajar para salvar almas con Él.  No olvidemos que una sola alma vale más que todo el universo, porque Jesús derramó su Sangre Preciosa por la salvación de esa alma y todas las demás. *