LA CONFESIÓN LIBERA A LOS CAUTIVOS


Podemos muy bien emplear las palabras - aflicción, desconsuelo, tristeza, depresión, confusión, desconcierto, oscuridad, coraje, amargura y esclavitud - para describir los efectos que causa UN SOLO pecado mortal en el alma.  De hecho, ¡Jesús dice que el pecado es ESCLAVITUD!  (Jn 8)

LA MISIÓN.  En la película La Misión, protagonizada por Robert De Niro, vemos vivamente lo que es le pecado.  En una escena, el sacerdote Jesuita da como penitencia al hombre que había asesinado a su hermano, la tarea de cargar y arrastrar una incomoda bola de objetos a donde quiera que fuera.  Y así lo hace, lo vemos siempre con una cuerda arrastrando una maleta pesada y engorrosa.  Después de arrastrarla día tras día, de subir y bajar montañas, el sacerdote accede, y le dice que ha cumplido su penitencia, se acerca con un cuchillo, corta la cuerda, y deja caer el bulto hacia el precipicio.  ¡Por fin liberado!   

Este clip, presenta en forma gráfica, lo que es el pecado, muestra sus poderozos efectos en nuestra alma y muestra el efecto liberador para aquel que se arrepiente y vuelve a Dios haciendo una muy buena confesión sacramental.  Uno de los efectos nocivos del pecado es la esclavitud, una esclavitud en donde cargamos una carga pesada a donde quiera que vamos.  Cada paso que damos, la carga se hace más pesada, al grado de ser insoportable.  En la confesión sacramental, encontramos el amor precioso y transformador de Dios.  Si al confesarnos, lo hacemos con humildad y sin ocultar nuestros pecados se rompen las ataduras y experimentamos la libertad de los hijos e hijas de Dios. 

AÑO DE MISERICORDIA Y LA CONFESIÓN.  El 8 de diciembre, el día de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, inicia el Año de la Misericordia, año jubilar proclamado por el Papa Francisco.  Durante este jubileo, que concluye en la Solemnidad de Cristo Rey, recibamos y apreciemos con confianza infinita, el Sacramento de la penitencia y misericordia de Dios.

Los grandes santos, san Juan Pablo II, santa Faustina y santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, son unánimes cuando dicen que el mayor atributo del Corazón de Jesús nuestro salvador es su MISERICORDIA.  ¡La misericordia es el amor infinito de Dios perdonando al pecador!

No son escasos los manuales examenes de conciencia, libros catequéticos sobre los diez Mandamientos y libros escritos sobre el Sacramento de la Reconciliación.  Pero escasos son los libros que hablan de los maravillosos frutos de una buena confesión.  Esta breve reflexión se centrará precisamente sobre eso, sobre diez espléndidos frutos que se producen en el alma del penitente que hace una buena confesión. 


1.  SANACIÓN.  Con los Sacramentos Dios nos comunica la gracia; y la gracia específica del sacramento de la Confesión es la SANACIÓN.  El cáncer, la lepra o cualquier otra enfermedad daña el cuerpo; el pecado hiere, llaga y lastima y daña el alma.  Si acudimos al confesionario y hacemos una buena confesión, Jesús el Médico Divino, con su toque dulce, suave y amoroso, toca nuestra alma, derrama sobre ella su Preciosa Sangre y la sana.  En los años de su vida pública, Jesús santo a los ciegos, los mudos, los paralíticos y resucitó a los muertos.  Hoy Jesús sigue sanando por medio de los sacerdotes en el confesionario, por medio su Cuerpo Místico - la Iglesia.  ¡Jesús sana y salva,  Él quiere sanar todas nuestras heridas causadas por el pecado.


2.  LIBERACIÓN DE LA ESCLAVITUD.  Hemos dicho que el pecado es una esclavitud interior y la confesión libera a los cautivos y nos otorga la libertad de los hijos e hijas de Dios.  Para romper las ataduras de los malos hábitos, fuertes adiciones, malos impulsos y malas acciones, urge que usemos un poderoso remedio.  El remedio es el contacto directo e inmediato con la persona de Jesús, con su Preciosa Sangre que derramó en el Calvario el Viernes Santo.  Es la Sangre Preciosa de nuestro salvador que se derrama sobre cada alma que se acerca al confesionario.  Puesto que todo hombre huye de toda forma de esclavitud ya que es espantosa, ¿no deberíamos tener mayor aborrecimiento y horror a la esclavitud interior del alma y buscar la libertad en cuanto antes?  ¡Inténtelo, acuda al confesionario!

3.  DE CONFUSION Y DESORDEN A PAZ Y SERENIDAD.  Otro de los efectos nocivos de vivir en pecado es que roba la paz y el alma vive en un estado de confusión.  San Agustín dice que la paz es la “tranquilidad del orden”.  El pecado es lo opuesto, es el “desorden”, es tener la Torre de Babel dentro del alma.  Quien hace una buena confesión, pone en práctica las palabras de san Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales y pone “orden al desorden”.  Por lo tanto, si quiere experimentar la fuerza imparable de la paz, haga la mejor confesión sacramental en su vida y pasará del desorden al orden.

4.  LIBERTAD DE VIVIR CON LA CONCIENCIA LLENA DE CULPA.  Verdadermente, vivir en pecado es vivir un infierno. Hay quienes llegan a enloquecer o incluso se quitan su propia vida porque no pueden vivir con su conciencia que les incrimina.  En la tragedia de William Shakespear, encontramos el personaje de Lady Macbeth quien no dejaba de labarse las manos, porque paz y se lavaba las manos sin cesar, símbolo de que quería limpiar su conciencia, porque inconcientemente deseaba limpiarse la culpa del asesinato.  No soportaba vivir con su conciencia intranquila, su conciencia le mataba.  Shakespeare acertadamente dijo: “La conciencia nos hace cobardes a todos.”  Sería posible que muchos recurren a tomar medicina, reprimir o anestesiar la culpa que cargan en la conciencia?  Haga la prueba, acuda al confesionario.  La realidad es que muchos recurren al consumo de medicamentos o estupefacientes para suprimir la culpa que inquieta sus conciencias.  Haga la prueba, por qué no acude al Sacramento de la Confesión para experimentar la tranquilidad que da una conciencia limpia.  Y no olvidemos, que la confesión no cuesta nada, y no tiene efectos secundarios, como es el caso de la medicina.



5.  ¡ALÉGRENSE EN EL SEÑOR!  Santo Tomás de Aquino, en su doctrina analiza la idea de la felicidad y dice, la felicidad es un bien al que todos tienden.  Ahora bien, consideremos por un momento los diversos círculos sociales, el ambiente laboral, escolar y familiar.  Con demasiada frecuencia, encontramos un ambiente banal, insípido y triste.  Por qué vivimos así si estamos llamados a vivir gozosos.  Porque buscamos la felicidad en donde no se encuentra.  Peor aun, hay muchos que confunden el bienestar de sus apetitos, el placer con el gozo.  El placer se puede comprar en cualquier mercado a un precio; pero el GOZO es fruto del Espíritu Santo.  El pecado produce en el alma tristeza; solo Dios es la fuente del verdadero gozo.  San Pablo nos exhorta: “Alégrense siempre, os lo repito, alégrense.”  (Flp 4, 4)  Nuestra Señora, en su poderoso himno de alabanza, El Magnificat, hace eco a los sentimientos, “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador.” (Lc 1:46)   Veamos otro ejemplo del poder liberador del sacramento de la Confesión.  En los últimos años, los catequistas de mi parroquia me han dicho, que cuando un niño está por hacer su Primera Comunión, y se prepara para hacer su primera Confesión, el niño está lleno de temor y ansiedad, pero después de haberse confesado, sale del confesionario radiante de alegría!  ¿Quiere estar siempre gozoso? Por qué no forma el hábito de confesarse seguido. 

6.  EL MISTERIO PASCUAL: DE LA MUERTE A LA VIDA. Si por desdicha cometemos un pecado mortal, perdemos amistad con Dios y perdemos su gracia.  La alabanza de la Divina Misericordia nos pide que no nos desalentemos y nos desesperemos, sino con gran confianza nos sometamos  a la santa Voluntad que es el amor y la misericordia misma.  Jesús dijo a Sor Faustina, que el peor pecado es la falta de confianza en su misericordia.  Como el hijo prodigo que regresó a la casa de su padre, corramos a los brazos amorosos de nuestro Padre quien nos perdonará.   Sta Teresita de Lisieux con gran confianza afirmó que aún si hubiese comedito todos los pecados del mundo, correría y se entregaría a los brazos del Padre Eterno con gran confianza, porque los brazos amorosos del Padre son el puerto de salvación que nos llevan al cielo.  El gran san Agustín, quien antes de los treinta años había vivido una vida pecaminosa, llegó a decir, que el que hace una buena confesión, igual que Lázaro, vuelve a la vida!  Leemos la historia de Lázaro en el evangelio de Juan capítulo 11 que después de haber estado muerto en la tumba por cuatro días, Jesús hace abrir el sepulcro, y a una orden suya, Lázaro resucita.   Cuando hacemos una buena confesión, Jesús nos llama a salir de la tumba de nuestros pecados y regresar a la vida de gracia.

7.  MEDICINA CURATIVA Y PREVENTIVA.  La confesión actua como medicina que da sanación al alma.  Pero igual, la Confesión sirve como medio para prevenir futuras caídas.  La Confesión — por medio de una comparación médica — puede ser utilizada, ya sea como "medicina curativa" o "medicina preventiva". Una vez sentí un escalofrío que descendía sobre mí y un amigo me sujerió que tomara unas pastillas.  Lo hice, y gracias a Dios, el resfriado que me hubiera durado 2 semanas se me cortó. La confesión frecuente, con una buena preparación y firme propósito de enmienda, puede realmente ayudar a prevenir, una caída enorme — que es el pecado mortal!   Y sip or desgracia cometemos un pecado mortal, no demoremos, acudamos al confesionario lo más pronto posible.  Es más, aún la confesión frecuente de los pecados veniales puede ser el remedio para evitar futuras caidas, es decir, futuros pecados.  ¡Es mejor prevenir que lamentar!

8. APLASTAR NUESTRA SOBERBIA; UN ACTO DE HUMILDAD.  Debido al Pecado Original, nuestro tejido espiritual está infectado por la Soberbia.  Muchas veces el orgullo, la soberbia y la vanagloria mueven nuestros actos. Hacer una buena confesión nos ayuda a crecer en la virtud de la humildad que es tan necesaria para alcanzar la santidad que es tan agradable a los ojos de Dios.  En el diario de santa Faustina, leemos que Jesús le reveló las tres cualidades esenciales de una buena confesión: transparencia (sinceridad total), humildad y obediencia al confesor que representa a Cristo.  Es importante que cuando nos confesemos, no confesemos el pecado de nuestro esposo, esposa, vecino o el pecado ajeno.  Igual es importante que nos justifiquemos o tratemos de adornar nuestro pecado.  Mas bien, la humildad es decir las cosas tal como son.   En los años 60 y 70  había un programa de televisión en Estados Unidos llamado Dragnet, y el protagonista acostumbraba decir – “Señora, dígame solo los hechos, sólo los hechos”.  Apliquemos estas palabras al sacramento de la Confesión y confesémonos con humildad, confesemos “Sólo los pecados, solo los pecados.”

9  LA IMPORTANCIA DEL AUTO CONOCIMIENTO PARA CRECER EN SANTIDAD DE VIDA.    Otro fruto de una buena confesión es el crecimiento en auto conocimiento.  Socrates, el filósofo griego dijo: “Una vida no examinada es    Sócrates, uno de los tres filosofos más importantes de la antigüedad griega, solía expresarlo con esta claridez “Una vida no examinada -decía- no vale la pena de ser vivida”.  Uno de los más destacados historiadores decía:  “Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla.”  La espiritualidad Ignaciana hace hicapié en la importancia de enfrentarse consigo mismo y la tarea del autoconocimiento, y el EXAMEN diario en conocer los movimientos del espiritu en nuestra vida.  San Ignació afirma que nunca debemos de omitir nuestro Examen de Conciencia porque la finalidad de esta práctica es el autoconocimiento y la concientización de la presencia de Dios.  Los Padres del desierto acostumbraban repetir esta corta exhortación: “Conócete”  Una persona que examina bien su conciencia, se confiesa bien, con un corazón humilde consulta al sacerdote-confesor y de esta forma crecerá en autoconocimiento.  Aquel que conoce bien sus defectos y virtudes, podrá evitar futuros pecados y futuras tragedias!



10.  COMULGAR CON FERVOR.  Otro maravilloso efecto de hacer una buena confesión es que nuestra comunión será más eficaz y la haremos con mayor fervor ya que estos dos sacramentos van íntimamente entrelazados. Veamos esta analogía: imagine que su alma es un cristal.  Cuando la tierra opaca el cristal, se obstruyen los rayos del sol.  Pero al tallar y limpiar el cristal, los fuertes rayos del sol lo traspasan e inundan el interior de la habitación.  De igual manera, al purificarse el alma con la Sangre Preciosa de Jesús, cuando recibimos a Jesús Eucaristía, Jesús inunda el alma con mayor fuerza y resplandor e imparte al alma con un manantial de gracias y bendiciones.  Digámoslo así, si deseamos ser santos como Dios es santo, ¡acudamos y recibamos con frecuencia los sacramentos de la Confesión y Comunión!  Jesús dijo: “Yo soy la Luz del mundo.”  Pongámos en práctica las palabras de Jesús, “Sean santos, como es santo vuestro Padre Celestial.”  (Mt 5, 48)


EN RESUMEN:  San Juan Pablo II hizo esta observación respecto a Nuestra Señora y el Sacramento de la Confesión.  Dijo:  Los santuarios Marianos como Lourdes, Fátima y Guadalupe, son clínicas espirituales.  En otras palabras, en estos santuarios, el pueblo de Dios acude para encontrarse con Jesús el Pan de Vida en la Santa Misa y la Santa Comunión.   En este encuentro, Jesús sanador sana nuestro corazón, nuestra mente y nuestra alma.  Invoquemos entonces a Nuestra Señora bajo la advocación de “Madre de misericordia” y “Salud de los enfermos” para que podamos vivir intensamente este Año de misericordia, acudiendo al Sacramento de Misericordia – la Confesión – ya que por medio de ella experimentaremos el amor misericordioso de Jesús. 
r