El acto más grande y sublime que el ser humano puede hacer en
la vida, es COMULGAR, pues es recibir a Dios mismo y para comulgar
dignamente es necesario estar en gracia de Dios. Si los ángeles pudiesen sentir envidia del
hombre, lo estarían por una razón: porque el hombre puede recibir la Santa
Comunión y ellos siendo ángeles no pueden!
PREPARACIÓN
DISPOSITIVA A LA GRACIA. En la teología Sacramental hay un principio central conocido como
“preparación dispositiva a la gracia”. En lenguaje sencillo significa que recibimos
las gracias según nuestra cooperación. Daremos un ejemplo: es más facil entrar en una
habitación cuando la puerta está abierta de par en par, que cuando está entre
abierta o cerrada. En vista de esto, es imprescindible la cooperación del hombre en la recepción de la
gracia santificante fruto del sacramento; sin ella, falta la disposición
necesaria para la transformación, especialmente en la recepción del más
sublime Sacramento, la Santa Eucaristía.
VEAMOS LAS DISTINTAS DISPOSICIONES DEL LAS ALMAS QUE COMULGAN.
Hay quienes reciben indignamente el
Cuerpo y la Sangre de Cristo. San Pablo en su carta a los cornitios nos hace
ver con
qué pena castigará Dios a los que indignamente
lo hacen; “porque quien lo come, y bebe indignamente, se traga
y bebé su propia condenación.” (1 Cor 11)
Dios en su infinita misericordia nos ha dado el don del libre
albedrío, el cual puede ser un arma de doble filo, porque si no lo usamos adecuadamente,
podría haber severas consecuencias, siendo la peor de todas la muerte eterna. Para la recepción lícita o fructuosa se requiere estar en estado de gracia.
O bien, otros estando en estado de gracia
reciben pocas gracias porque comulgan con tibieza y poco fervor, y durante la
Misa participan poco y prestan poca atención.
Las almas devotas que por un acto de la
voluntad, se preparan bien para comulgar, llegan a la Iglesia mucho antes del comienzo de Santa Misa, se disponen haciendo sus oraciones, participan plena y activamente durante la Misa y
reciben la santa Comunión con fe viva, amor y devoción. En esta alma, por
colaboración personal, la persona recibe
una fuente inagotable de gracias.
Siendo ésta la realidad, presentaremos a
continuación cinco consejos prácticos que le ayudarán a preparse mejor. No hay una acción más grande que podamos hacer en nuestra vida
terrena, que recibir dignamente la Eucaristía.
5 FORMAS EN QUE PODEMOS MEJORAR NUESTRA RECEPCIÓN DE LA SANTA COMUNIÓN DURANTE LA MISA.

1. CONFESIÓN Y COMUNIÓN. La Eucaristía, fuente y cúlmen de la vida y de la misión de la Iglesia, está estrechamente
vinculada con el sacramento de la Confesión.
La
gracia sacramental específica de la Eucaristía es la gracia nutritiva, porque
se nos da a manera de alimento divino que conforta y vigoriza en el alma la
vida sobrenatural: la gracia sacramental de la Confesión es la sanación y su recepción
fructuosa purifica, da luz y santifica el alma, disponiéndola para poder
recibir la Eucaristia mejor y con mayor fervor. Veamos esta analogía: imagine que su
alma es un cristal. Cuando la tierra opaca el cristal, se obstruyen los
rayos del sol. Pero al tallar y limpiar el cristal, los fuertes rayos del
sol lo traspasan e inundan el interior de la habitación. De igual manera,
al purificarse el alma con la Sangre Preciosa de Jesús, y al comulgar, Jesús inunda al alma con mayor fuerza y resplandor y le imparte un manantial de gracias y bendiciones. Digámoslo así, si
deseamos ser santos como Dios es santo, ¡acudamos y recibamos con frecuencia
los sacramentos de la Confesión y Comunión!
2. PRIMERA,
ÚLTIMA Y ÚNICA COMUNIÓN. Hagamos todo lo
que esté en nuestras manos por evitar el peligro de recibir la Sagrada Comunión
de forma mecánica, superficial, rutinaria, con frivolidad o indiferencia. Por la facilidad que tenemos de asistir
diario a Misa y comulgar corremos el peligro de que se degenere en un simple hábito piadoso de rutina. En la sacristía de muchos conventos se encuentra
una placa en la pared con esta exhortación:
''Hombre de Dios, celebra esta Misa
como si fuese tu primera Misa, tu última Misa y tu única Misa.''
¡Qué
sabio consejo! Esta debería ser nuestra
actitud al acercarmos a comulgar.
Recibamos la Sagrada Comunión como si fuera nuestra primera Comunión,
nuestra última Comunión y nuestra única Comunión. Si lo hacemos, ¡comulgaremos con mucho fervor!
3. EL OFERTORIO; EL SACERDOCIO
COMÚN DE LOS FIELES. El Concilio Vaticano II habló de una renovada
atención a dos formas de sacerdocio: el “sacerdocio ministerial o jerárquico” (Los obispos y
sacerdotes reciben el Sacramento del Orden)
y el “sacerdocio común de los fieles” de todos los cristianos
bautizados. Los fieles laicos de modo que han recibido el encargo y la facultad de contribuir al
crecimiento y santificación de la Iglesia, son exhortados a vivir su sacerdocio comun
ofreciéndose a Jesús en la santa Misa con el sacerdote celebrante. Todos los fieles, deben ofrecer minimo de una
intención personal en cada Misa, pero igual podrían ofrecer a Dios más de una
intención y petición. Jesús nos dice:
“Pidan, y se les dará; busquen y hallarán; llamen, y se les abrirá…” (Mt 7, 7)
Recibimos poco porque confiamos y pedimos poco.
¡No hay límites al poder de Dios!
Por lo tanto, forme el buen hábito de llegar con tiempo a misa, ofrézcase
enteramente a Dios, haga peticiones a Dios, y no se limite, preséntele a Dios
todo lo que guarda en su corazón. Dios
se complace cuando le pedimos mucho, porque el que mucho pide, mucho recibe!
4.
RECIBAMOS A JESÚS SACRAMENTADO CON LA VIRGEN SANTÍSIMA. La beata Madre Teresa de Calcuta nos enseña
una hermosa oración a Jesús y María. La
oración va más o menos así: “Prestame,
Madre, tu puro e Inmaculado Corazón para así poder recibir y amar mas ardientemente
el Corazón de Jesús.” Esta oración la
podemos hacer cuando vayamos a comulgar.
Pidámosle a nuestra Santísima Madre que nos preste su corazón para así
recibir a su Hijo con un corazón lleno de amor y fervor. Si lo hacemos, los frutos que recibiremos al
comulgar aumentarán!
5.
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA COMUNIÓN. Sería de mala educación si después de recibir
una invitación a un gran banquete, vamos a la cena, devoramos la comida y
salimos corriendo sin dar gracias o despedirnos. Seríamos mal agradecidos y maleducados. Pero lo mismo puede suceder cuando vamos a Misa
y comulgamos. Muchas veces, vamos a
comulgar, y salimos corriendo de la Iglesia como si nos estuviera persiguiendo
un toro. ¿Malagradecidos? ¡Claro que sí! Cuentan las anectodas que en la vida de san
Felipe Nerí que en una ocasion,
despues de Misa, notó algo que le inquietó mucho. Notó que cierto hombre salía
corriendo antes de la bendición final. Un día volvió a ver que este hombre
salía volando de la iglesia antes de la bendición final. ¡Divisó un plan! Al día siguiente cuando estaba por acabar la Misa,
el hombre salió corriendo. Pero san Felipe Neri estaba preparado.
El y dos monaguillos lo siguieron. Los monaguillo caminaban con una vela
a cada lado del señor y así caminaban en procesión por las calles de
Roma. Al darse vuela, el señor vio al P. Felipe y su
noble procesión, a lo cual les preguntó el motivo. San Felipe entonces le
replicó que era una procesión Eucarística por las calles de Roma ¡ya que este
señor llevaba en su corazón al Santísimo Sacramento! Apenado, el hombre
se dio cuenta el significado de esa procesión Eucarística. Desde ese día
en adelante, dejó de salir de Misa sin primero hacer su acción de gracias por
el Don de dones que había recibido en su corazón - el Santísimo Sacramento del
altar, el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo Jesús, el Hijo de Dios
vivo. Tristemente, esta pequeña anécdota de la vida de
san Felipe Neri es demasiado común entre los católicos que acuden a la Santa
Misa - la más grande oración del universo.
Por tanto, después de recibir a Jesús en la santa Comunión, adoremoslo,
amemoslo y demosle gracias! Porque en
verdad, este es el momento más grande y precioso en la vida terrena del hombre.